El piano es un instrumento de teclado
y cuerdas percutidas que tiene una gran fama e historia. Es reconocido como
unos de los instrumentos más difíciles de dominar y con razón, para tocar
correctamente el piano se debe utilizar ambas manos, incluso, uno o
ambos pies. Para lograr la coordinación de correcta de las manos y los pies se
debe empezar poco a poco, dominar una mano, generalmente la derecha, luego la
otra y finalmente los pies.
Sin
importar el nivel en que se encuentre se debe adoptar una
posición apta, con la espalda recta, los brazos ligeramente flexionados, los pies con
la planta de los pies en el piso con las rodillas formando 90 grados, cómodos
para que se puedan mover, sentados en el borde de la silla y que el mismo se
encuentre a la altura y distancia del teclado tal que los brazos caigan
relajadamente. En general, la postura debe ser relajada desde las manos hasta
los pies.
Por
otro lado, las manos adquieren una tienen una ligera curvatura de forma que
se “golpeen” las teclas con las puntas de los dedos, no las yemas. Debido a
este comportamiento es muy recomendable, casi obligatorio, mantener las uñas
cortas, no solo por la estética de que todos ven las manos del pianista, sino que
al mínimo sobresaliente de las uñas produce, además de incomodidad, un sonido
por el golpe con la tecla. Los dedos se les enumeran para un mejor manejo de
las teclas y lectura de las partituras, iniciando con el pulgar y finalizando
con el meñique.
Aún cuando parezca insignificante la postura al tocar música es muy importante, aunque
esta, obviamente, cambia dependiendo del instrumento que se toque. La espalda en
curvada o los dedos estirados pueden significar una mayor dificultad, error al
tocar o una absoluta incomodidad. Si notas que una pieza no está funcionando,
analiza todas las posibles razones, incluyendo la postura.



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